retratos

Cuatro mujeres de distintas generaciones. Sus rostros y cuerpos enfrentados a la mirada de una cámara tierna y despiadada al mismo tiempo. Movimientos implícitos y explícitos; intimidad, pudor y extravagancia en una misteriosa coreografía. Una lupa que explora y amplifica sus estados de ánimo, sus silencios, sus soledades compartidas.

Four women of different generations. Their bodies and faces confronted with a tender and ruthless camera. Explicit and implicit movements; intimacy, shyness and extravagance in a mysterious choreography. A magnifying glass that explores and amplifies their moods and silences: a shared loneliness.

Osvaldo Romberg

Qué empieza primero, ¿el poema o el lenguaje? El poder del poema es expresar lo que otros lenguajes con sus reglas no permiten.

Este nuevo film de Daniel Böhm toca oblicuamente la metafísica impenetrable del retrato, y lo hace a través de un poema cinematográfico, más que del lenguaje lineal del cine. Este poema-retrato produce una visión fragmentada de cuatro mujeres maduras. Manos, plantas, sillas, joyas, gatos, danzan con un ritmo rápido y vibrátil creando una topología del sueño y el tiempo. Construye en forma sincrética un retrato sintético de los diferentes aspectos de una (sola) mujer. Pasa así de la "fisicalidad" psicológica a la espiritualidad afectiva. De la definición a la evanescencia. De la "corporeidad" de seres y objetos comunes a una visión metafísica.

En el film coexisten distintas técnicas de cine y video, sabiamente mezclados, que consiguen crear diferentes climas. Una permanente danza, casi sin texto, que revela lo intercambiable de la femineidad de las protagonistas. Los ámbitos mismos donde ellas se mueven también participan de un mundo en el que lo inanimado tiene una acción tan vital como la de los seres vivientes.

A diferencia de los grandes retratos del Renacimiento, que eran unitarios en la descripción física, estos retratos dispersan la unidad física en una caracterología universal de la mujer. Böhm consigue aquí la casi imposible tarea de arribar a un arquetipo sin dejar de marcar al mismo tiempo las personalidades perfectamente definidas de sus personajes.

La narrativa suelta de esta obra, apenas hilvanada, permite al espectador un espacio de identificación personal hacia el pasado y hacia el futuro. Tal vez por esta razón sea éste el film más emocionante que Daniel Böhm ha producido.

Rodrigo Alonso — Paisaje Humano

Mediante una coreografía de pequeños gestos, cuatro mujeres interpretan el espectáculo de su propia intimidad. Sus manos, sus rostros, sus actividades cotidianas ceden a la mirada de una cámara que hurga con insistencia en los detalles más ínfimos de movimientos y expresiones aparentemente banales, insignificantes, y quizás espontáneos.

Cuatro retratos surgen con lentitud del acuerdo tácito entre esa mirada inquisidora y las mujeres que se dejan ver. Otra coreografía. Una sucesión de acciones y pausas, de voluntades y fragmentos, de extroversiones y pudores, de giros inadvertidos y guiños al espectador. Un título lacónico, Retratos (Daniel Böhm, 2009), prolonga la responsabilidad de éste: la pieza se propone como un tesoro de signos abiertos a su interpretación.

Buenos Aires, 2009

Video Instalación Monocanal + Film Stills, 20 min.

Actúan: Elba Villafañe, Mirta Laciar, Hebe Solves, Milka Offer, Martín Garmendia, Lonia Offer, Libia Razuk

Dirección y Guión: Daniel Böhm

Fotografía: Leo Hermo

Edición y Musicalización: Martín Corujo

Música: Sebastián Cirillo y Axel Krygier

Producción: Daniela Giménez

Postproducción: Pablo Noé